OBSCENIDAD.

Me escuchas sin empatía,
declamando expresiones
solo para tus oídos.
Te deleitas con tu voz,
aunque pareces responder
a mis retóricas palabras.
Acordes sin ritmo
en orquestas vacías,
donde los instrumentos
apolillados del desuso,
aguardan impacientes
volverse a activar.
Improvisamos secuencias
en aulas sin clase,
de guiones aprendidos
cuyos ecos nos perturban,
al narrarse sin aparente
estructura ni dicción.
Soledades acompañadas
por extraños desconocidos,
simulando naturalidad.
Mundos de fantasía
rodeados de barrotes
que se forjan con secretos
contados sin discreción
a orejas sin escucha
que no quieren la verdad.

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