CONDENA QUERIDA.

Condenada estoy
¡Ay de mí!
a seguir a tu vera
a llenarme con tu risa
y verme en tu mirada.
Presa de tus brazos
que calientan mi piel,
condenada ¡digo bien!
porque no tengo escapatoria.
Tus besos me atan
con grilletes invisibles
encarcelada entre barrotes
de oxígeno y libertad.
Firmé la sentencia sin dudar
esperando sea eterna
soy mi juez y mi verdugo
el jurado y el testigo.

Dulce penitencia!
contigo a mi lado
Favorable fue el castigo
porque solo tú haces
de mi cárcel mi cielo.

Katy Bertrand P.

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