De Historias y Leyendas

Las luces de Lordas se iban apagando, el bullicio se transformaba en murmullos que
pronto serían silencio. La bóveda celeste, con su chirrido característico, giró cubriendo el
mosaico del techo que marcaba la hora de acostarse. Todos se iban retirando a sus
habitaciones.
Todos menos Sabantha, que permanecía en la biblioteca. En los últimos días se había
convertido en su lugar, allí se sentía segura, la quietud y el olor a libros la devolvían a su
bosque. Todos sus ratos libres los disfrutaba entre libros. Volvía a encerrarse en sí misma, a
exigirse ser la mejor, como cuando era pequeña.
−Señorita Kativa ¿la tengo que volver a recordar que la biblioteca también se cierra?
¿que yo también debo descansar? -Desde una puerta en el extremo de la biblioteca el maese
Bookold la miraba y reprendía como en las últimas noches.
−No maese, sí maese. Solo un rato más por favor.
−Voy a terminar de ordenar unos códices y vuelvo para echarla -gruñó el viejo
Bibliotecario Mayor, pero al girarse para volver a entrar por la puertecita se le dibujó una
sonrisa en el rostro. Le gustaba ver que una estudiante joven sentía la misma pasión que él
por aquel mágico lugar lleno de vidas y sabiduría.
−Gracias maese Bookold -Sabantha también sonrió, sabía que aún tenía horas por
delante. Aprendió que el viejo ladraba pero no mordía.
Se levantó de su silla y caminó entre las estanterías acariciando los lomos de los libros,
le encantaba sentir ese tacto casi rugoso, aspirar su olor, era como acariciar cientos de rostros.
Y cuando encontraba el que quería, sentarse y descubrir su historia. Le valía cualquiera, ya
fuera relacionado con las clases o no, aunque sus favoritos eran los de historia y mitos.
Se detuvo frente a uno de tapas verdes, lo sacó y paso sus dedos por la cubierta, tenía
letras doradas en relieve, casi se podía leer el título solo con tocarlo.” Leyendas antiguas”
−Éste -se dijo satisfecha-. Por hoy ya he estudiado bastante.
Volvió a la mesa, apartando la pila que tenía delante y colocando el libro
ceremoniosamente frente a ella lo abrió con sumo cuidado.
−El niño que salvó a la princesa. -Leyó.
Un niño rubio de ropajes verdes se convertía en héroe para salvar a una princesa y
proteger su tierra. Al parecer esto ocurría cíclicamente cuando un demonio se liberaba y
secuestraba a la princesa. El reino quedaba sumido bajo un maligno hechizo y por sus tierras
erraban los esbirros. El niño, que no era siempre el mismo, comenzaba su aventura con una
voz que le despertaba, como si el verdadero héroe durmiera, se enfrentaba a innumerables
peligros, resolviendo acertijos para hacerse más fuerte y sabio y poder llegar a rescatar a la
princesa con la ayuda unas piedras triangulares que guardaban el poder de los Dioses.
Se quedó pensativa no entendía muy bien eso de que el niño no sea siempre el mismo.
Bookold apareció nuevamente cargado con libros que iba colocando en las estanterías,
uno de ellos se le cayó al suelo aunque el viejo no pareció percatarse.
−Ya estoy terminando señorita Kativa, no se duerma en los laureles.
−Si maese, cuando usted me diga.
−Ahora, ahora, cuando termine. -Y volvió a desaparecer por donde había entrado.
Sabantha se levantó y recogió del suelo el libro que se había caído, era un libro antiguo,
con hojas amarillentas cubierto por un ajado cuero rojizo. Las letras del título casi no se
distinguían, miró a un lado y a otro comprobando que no había nadie y regresó a su mesa con
él en la mano. Lo abrió ceremoniosa, una costumbre que le gustaba hacer, en su primera
página leyó “Historia del Bosque” es lo único que hizo falta para captar su completa atención.
Pasó curiosa la siguiente página sintiendo su fragilidad.

Dicen las leyendas que antes de que Lordas Van San se convirtiera en el Gran
Maestre y fundara la escuela de magia y armonía que lleva su nombre, era un joven
explorador que junto a su hermano Musfet recorrían el mundo en busca de sabiduría.
En cierta ocasión discutieron y decidieron seguir por separado. Pero Lordas no
soportaba recorrer los caminos sin su hermano y tragándose su orgullo decidió partir a su encuentro. Llegó a una aldea en la que le dijeron que se había adentrado en el bosque, le
habían advertido que no lo hiciera ya que el bosque estaba poseído por almas perdidas
sedientas de vida, cualquiera que lo hiciera estaba condenada a seguir el mismo destino.
Lordas se armó de valor y fue al rescate de su hermano desoyendo también los consejos de los aldeanos. Al fin y al cabo él era un hechicero y los espectros no le asustaban. Llegó hasta el camino del bosque siguiendo el rastro de muertos vivientes que en vez de atacarle parecían mostrarle la senda.
No fue un muerto quien le recibió, sino un elfo de rostro marmóleo.
−Yo soy Neil Gadilon guardián de este Bosque, ahora y para siempre. Te ordeno que
no des un paso más-. Y clavó un gran cetro en el suelo a modo de barrera.
Pero Lordas no se detuvo sino que desenvainando su espada dio muerte al elfo
atravesándole el corazón. Esto no fue una gran gesta por parte de Lordas, la sangre empezó a manar cayendo al suelo tiñéndolo de rojo, y el elfo comenzó a transformarse adquiriendo las facciones de Musfet. Lordas se apresuró a recoger a su hermano.
−¿Por qué hermano por qué?
−Es un lugar de gran poder, era la única forma de…
Nunca pudo responder a esa pregunta. Lordas lloró desconsolado la muerte de su hermano por tres días. Luego le enterró en el bosque y sobre su tumba construiría el templo de los héroes para aplacar su culpa. Dedicó su vida a conservar y sanar aquel bosque, ya que al caer la sangre de Musfet, ésta le había hechoenfermar. Con el tiempo fundó la escuela preservando sus conocimientos y aislando este territorio del resto.<<.

Sabantha pasó algunas páginas hasta llegar a una que estaba marcada donde había una
extraña canción.

De la magia es la importante
no es conjuro ni maleficio
y aunque se preserva
se encuentra en el mundo.
Si la buscas la hallarás,
no se lee mas se ve,
no es palabra
y sin embargo la oyes,
es la base de la creación
y la destrucción,
se sabe y se transmite
desde tiempos inmemoriales,
pero pocos la conocen.
Con los ojos del interior
has de mirar.

Pasó la página pero ya no había más texto, allí donde debía continuar había unas
marcas de dientes, como si alguien la hubiera arrancado. Rebuscó por el libro pero nada, se
levantó y volvió al lugar donde había caído, pero no encontró ninguna hoja suelta.
Miró por las estanterías sacando todos los libros que encontró sobre Lordas, leyó hasta
que sus ojos no pudieron más y sin darse cuenta cayó dormida, vencida por el sueño se
desplomó sobre la mesa, custodiada por torres de libros. Maese Bookold apareció al poco y la
observó tentado a despertarla, pero era una imagen tan esperanzadora para él que en vez de
eso la cubrió con una manta y la dejó descansar rodeada de conocimientos.
−¡Vamos!
El bullicio había vuelto.
Sabantha dió un bote en la silla, por un momento no sabía dónde estaba, pestañeó varias
veces para terminar de espabilar y centrarse. Había pasado la noche en la biblioteca. Sobre los
hombros sintió el peso de la frazada, se sintió reconfortada y se arropó nuevamente.
−¡Vamos! No podemos llegar tarde-. Volvió a escuchar las voces de fuera del pasillo.
Se abrió una puerta y apareció Breschiar con una amplia sonrisa en el rostro.
−Ya te dije que estaría aquí- A su lado estaba Broniak, que se mantuvo bajo el umbral-.
¿Sabantha no te acuerdas qué día es hoy?
La elfa miró a Breschiar y se incorporó de golpe.
−¡Lo había olvidado!
−¿Cómo puedes olvidar algo así y saberte de memoria todas las fechas conmemorativas
de nuestra historia?- preguntó Breschiar arrugando el rostro-. Venga, vamos, que es tarde.
Sabantha se dirigió hacia la puerta dejando caer la manta al suelo, dudó por unos
momentos volviéndose a la mesa de nuevo, recogió la manta y comenzó a colocar los libros.
−Ande déjelos-. Se escuchó la voz de maese Bookold entre las estanterías-. ¿No ha
oído que es tarde? Además seguro que los ordena mal… venga, venga, ¡fuera!
−¡Gracias maese! –le contestó ella agachando la cabeza y dirigiéndose ya hacia sus
compañeros.
−Te he cogido del comedor unos panecillos, imagino no has desayunado.
El bibliotecario mayor se quedó mirando cómo se alejaban los tres elfos.
−Espero que tengan suerte hoy, no son malos muchachos-. Suspiró y siguió colocando
los libros.

Fragmento de la Novela:
‘Dioses del Multiverso: La Armonía se Resquebraja’

Feliz día del libro
Katy & Iván

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