Un paso atrás.

“Es tan hermosa, aun no sé cómo la conseguí” pensó José Manuel para sus adentros mientras observaba a su mujer dando la cena a sus hijos.

La miraba como si fuera la primera vez que la veía,sus ojos brillaban, recordó la primera vez que le sonrió, la primera vez que pronunció su nombre, la primera vez que rozó su piel… la había amado desde el el minuto uno de conocerla, hacía ya ocho años, en aquella fiesta de amigos comunes a la que estuvo tentado de no ir. El día de su boda le costó hablar, no hacía más que esperar que ella se arrepintiera y se marchara, y el día que nacieron sus dos hijos se sintió el hombre más afortunado y feliz de este mundo. Era lo mejor que había hecho en la vida y lo mejor que podía haberle dado a ella.

Recordaba todo esto con la cara sonriente, sin moverse del quicio de la puerta y sin dejar de observar la escena tan entrañable y familiar, pero de pronto su rostro se ensombreció y su rictus cambió. El aire dejó de llegarle al pecho, se le había formado un nudo en la garganta, y su cuerpo se volvió rígido.

” Ella es tan capaz, es fuerte y valiente, es una madre ejemplar, es una mujer ejemplar y yo, yo soy un miserable incapaz de crecer”

Jose Manuel echó una última mirada a su familia, quiso dar un paso hacia adelante, abrir la boca, llamarles, darles un abrazo y que con él, se le fueran todos los malos pensamientos pero no pudo hacer nada de eso.

Lo que sí hizo fue tragarse las lágrimas, abrir la puerta y salir de sus vidas para siempre.

Y pasaron los años y los niños crecieron, y su madre se desdobló en dos, y pasada la pena salieron adelante los tres juntos y de la cara de Jose Manuel ya nadie se acordaba. De vez en cuando les llegaban noticias sobre si le habían visto en no sé que ciudad, o no se qué país, que si había rehecho su vida varias veces, que si ganaba tanto o gastaba cuanto… a ellos nada les importaba.

Un buen día llegó una carta sin remitente, y dentro solo un papel con unas cuantas líneas:

” No supe ser hombre, ni supe ser niño, no supe pedir ayuda, ni supe pedir perdón pero lo que sí supe fue irme y dejaros, y con mi cobardía ofreceros el futuro que solo ella podía daros”

Los tres pudieron perdonarle y dejar marchar al fantasma, entendieron que sus vidas fueron mejor sin él, con su huida les había ofrecido una oportunidad.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mi café y yo dice:

    Reblogueó esto en Mi café y yoy comentado:
    Por que lo bueno se comparte.
    Detrás de todo acto hay un trasfondo grande.
    Lo importante es reconocerlo y actuar sobre él.

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    1. KativaWorks dice:

      Gracias!!!!!!!!!!!!

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  2. Mi café y yo dice:

    Gracias por compartirlo! pude sentir cada una de las palabras al leerlas y mi mente dibujo la escena. Muchos sentimientos encontrados.
    Ya quiero leer tu libro!

    Le gusta a 1 persona

    1. KativaWorks dice:

      Muchísimas muchísimas gracias!!! Nos honras, es un honor que lo compartas y que te haya evocado tanto. Ojalá puedas leer pronto 🙂
      Seguimos conectados, un abrazo.

      Me gusta

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