Sospechoso a la fuga.

El tipo corría realmente rápido, saltaba entre los coches apartados y esquivaba gente y papeleras por igual, llevaba ya un buen rato corriendo y no se cansaba.

Adri corría tras él, tirando ocasionalmente del cinturón para que los pantalones no cedieran al peso de la pistola. El sospechoso era muy ágil debía de tener unos treinta años, y no sería nada extraño si no fuera porque aquel tipo era un yonki.

Adri corría tras él. Se había bajado del coche patrulla varias calles atrás, y aunque era un agente de la ley, lo cierto es que tenía algo de tripa que le pesaba cuando alguien le hacía correr, como aquel sujeto estaba haciendo ahora.

Estaba haciendo la ronda con su compañero cuando al salir a una calle se cruzaron con él, pelo despeinado, barba incipiente y chándal una o dos tallas mayor, era la descripción que habían dado desde la farmacia de guardia que había sido atracada dos noches atrás.

Un yonki que tenía atemorizada a buena parte del barrio.

Le habían dado el alto, pero él hizo oídos sordos y siguió caminando como si con él no fuera la cosa, fue cuando Adri se bajó del coche y comenzó a seguirle primero despacio y luego a la carrera, el tipo no se detenía ante nada ni nadie.

– Joder con los yonkis creí que eran más blanditos ¿qué mierda se chutarán?- masculló Adri entre dientes mientras le perseguía.

Callejeó arriba y abajo detrás de él durante veinticinco minutos hasta que al llegar a la calle principal le perdió de vista. Era época de rebajas y las calles estaban atestadas de gente y el sospechoso se escabulló entre tantas personas, más de la mitad iban en chándal.

Su compañero aparcó el coche en la entrada de la calle y otro vehículo policial hizo lo mismo en la salida, los cuatro agentes comenzaron a buscar entre la masa de adictos a las compras, entrando en cada tienda y en cada bar de la zona.

Tras una hora y media, lo encontraron en el último piso del centro comercial, acurrucado en un rincón tras las máquinas recreativas. Lo tomaron entre dos agentes por el brazo y lo sacaron de los grandes almacenes atrayendo las miradas de los consumidores que por un momento se olvidaban de los escaparates.

Visto de cerca ya no parecía tan drogadicto, sino más bien un esquizofrénico, un loco. Estaba temblando pero de miedo no por el mono, no había puesto resistencia y miraba a los dos agentes como un niño perdido.

– ¿Por qué huyes? – le preguntó Adri con un tono un tanto severo.

– Porque me persiguen.

– ¿Te persiguen? ¿quién te persigue?

– Ese coche de ahí – dijo señalando al vehículo de Adri.

– ¿Te persigue ese coche?- El compañero trataba de entender-. Ese coche es de la policía.

– Ah… – De pronto el hombre pareció volverse completamente lúcido, como si hubiera comprendido algo, sus ojos dejaron de ser los de un loco- ¿Y entonces ese de ahí?- añadió señalando al otro coche patrulla.

– Ese también es de la policía.

– Ah…- dijo agachando la cabeza- pues entonces, me voy a mi casa.- con un gesto se zafó del agente que le sujetaba el brazo un tanto desconcertado y después hizo una reverencia teatral-. Muchas gracias agentes, queda todo aclarado.

Adri pensó en retenerlo, a fin de cuentas podía acusarlo de resistencia a la autoridad. Pero ¿resistencia a qué? Ellos le habían visto con pinta sospechosa, le habían juzgado de una forma y él a ellos de otra. No pudo evitar sonreír mientras lo veía alejarse calle abajo, su locura era lógica, huye porque le persiguen.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Noelia dice:

    Felicitaciones, me encantó

    Me gusta

    1. KativaWorks dice:

      Muchas gracias!!! 🙂

      Le gusta a 1 persona

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