El Desertor.

Michael apretó los ojos, ante el inminente rayo de luz que se colaba por la ventana entreabierta, quiso volver a conciliar el sueño pero ya era tarde, ese fogonazo lo había despertado. Con cautela apartó el brazo femenino que descansaba despreocupado sobre su pecho, y se incorporó.

Aún quedaba vino en la botella que descansaba peligrosamente inclinada a sus pies, le dio un trago a modo de enjuague para aclararse la boca y se desperezó cual orangután enjaulado.

Echó un vistazo a la pelirroja que dormitaba de espaldas en el jergón, no se acordaba de su nombre, ni siquiera de su cara… ”Mejor no despertarla y pasar una situación incómoda”.  Recogió su ropa y sus zapatos y todavía en calzoncillos salió de la habitación cerrando la puerta lentamente para amortiguar el clic. En el último año se había convertido en un experto. Se vistió en el pasillo y salió de aquel hostal barato y de la vida de la chica al igual que lo había hecho en las cuarenta y cinco veces anteriores.

Al bajar por la calle de los suburbios de la ciudad notó una punzada en el pecho, algo parecido al remordimiento, sacudió la cabeza, se metió la mano en el bolsillo topando unas monedas sueltas y se encaminó a la primera taberna que vio.

  • Ponme una cerveza-dijo sin más preámbulos mientras se acodaba en la esquina de la barra.
  • ¿No es demasiado pronto para eso cariño? – preguntó la camarera con amabilidad, una mujer madura con las marcas de la vida difícil grabadas en el rostro.
  • No te he preguntado la hora- Michael la miró atravesándola con su mirada vacía, ella borró la sonrisa de la cara y le sirvió lo que quería.

Cogió la cerveza y en dos tragos vació el vaso.

  • Ponme otra.

La mujer le sirvió la segunda pero dudó antes de dársela.

  • ¿Tienes dinero?- preguntó desde la experiencia de años en el bar.

Michael la miró con desprecio y puso sobre la barra todo su capital, no era mucho pero suficiente para unas cuantas pintas.

  • ¿Satisfecha? Ahora dame mi cerveza.- Ella le obedeció.
  • Esa voz… yo reconozco esa voz.- Un hombre que estaba al fondo se levantó medio tambaleándose y se dirigió hasta Michael-. Tú eres Michael Burton, Capitán Burton, ¡Molly es un héroe de guerra!-le dijo a la camarera.
  • Te equivocas.
  • No, no me equivoco yo estuve contigo en el frente, división 64, soy Richard, “zapatitos” Burk, tú me pusiste el mote. Molly, Molly te lo conté, este hombre nos salvó de morir achicharrados, bueno muchos lo hicieron pero la gran mayoría nos salvamos, él lo hizo, él nos salvó.

Michael visiblemente incómodo quería zafarse de aquel sujeto, pero le tenía agarrado por el hombro y se interponía con su cuerpo sudoroso ante la puerta de salida.

  • Te repito que te equivocas.
  • No, imposible, tengo grabada tu voz y tu cara a fuego, tú hiciste que fuéramos mejores hombres, nos alentaste en cada batalla, ¡ah Molly que discursos nos daba…! Yo estuve en la entrega de la medalla al honor que te concedieron… vaya, vaya el Capitán Burton en persona, en este tugurio…no te ofendas Molly…

A la mente de Michael comenzaron a llegar recuerdos de esos años, destellos de las balas, caras de los soldados que había matado, de los soldados que había adiestrado, el ensordecedor ruido de las bombas, todo lo que había estado intentando acallar en os últimos dieciocho meses de su vida, salió a borbotones, el dolor en el pecho se volvió cada vez más agudo, su estómago comenzó a formar una bola de fuego que le abrasaba como la casa cuartel en la que habían muerto tantos de los suyos… acudió a su mente también la vida después de la guerra, borracheras, mujeres, la medalla empeñada…tenía que salir de ahí, ese hombre no dejaba de hablar, apretó el puño y lo estampó en la nariz de Richard que se cayó hacia atrás desconcertado, sus ojillos de borracho le miraban como un niño que no entendía su castigo.

  • Capitán, pero… ¿he dicho algo malo?- balbuceaba desde el suelo mientras la sangre surgía de sus fosas nasales.

Michael huyó despavorido de aquel sitio procurando acallar su cabeza, cuando una carreta de caballos le pasó por encima.

  • Ahí terminó tu héroe Rick- dijo Molly desde la puerta, luego se giró y ayudó al hombre a levantarse-. Vamos te pondré un trapo húmedo en esa nariz.
  • No lo entiendo Molly… no sé qué ha pasado, yo no quería… no pretendía molestarle… yo…
  • Tú no tienes la culpa cielo, él eligió desertar de la vida, no pudo a frontar sus fantasmas, simplemente le venció la paz. Venga que te invito a un trago.

8 Comentarios Agrega el tuyo

    1. KativaWorks dice:

      Muchas Gracias!!!!! Un abrazo!! Seguimos conectados 🙂

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  1. macalder02 dice:

    La verdad que disfruté tu relato y el final, de lo mejor. Saludos.

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    1. KativaWorks dice:

      Gracias Macalder!!! Un abrazo 🙂

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  2. Wow excelente, me ha encantado. Enhorabuena. Un abrazo.

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    1. KativaWorks dice:

      Oh Carlos mil gracias por tus palabras, cada comentario es una pluma de las alas que nos hacen volar! Es un honor que te haya gustado 🙂

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  3. garceslogia dice:

    Que vueltas da la vida, ¿verdad?…Muy bueno, un saludo

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    1. KativaWorks dice:

      La vida es eso… Gracias por compartir y comentar. Un abrazo!!

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