Cónclave

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El profesor Norrister y la profesora Clarensti fueron los últimos en llegar, abrieron la puerta con ímpetu y notaron como todas las miradas se posaban sobre ellos.
– Disculpad, no nos ha dado tiempo a cambiarnos.- se disculpó la profesora Clarensti avergonzada de acudir a la reunión sucia por la clase que habían tenido.
– No os preocupéis, eso no es importante ahora, sentaos por favor,- les indicó el director Danmergan- prosiga maese Krendith.

La pareja tomó asiento alrededor de la larga mesa ovalada hecha de malaquita, todos los profesores estaban ya allí. En una de las cabeceras el director, y en la otra el Alto Consejero acompañado a ambos lados por los dos consejeros, mayor y menor. A Krendith no le gustaba su presencia allí, no solo porque significaba problemas sino porque también vendrían con críticas hacía el director y el profesorado.

– Les estaba contando al resto- continúo con su turno maese Krendith-, que hemos vuelto a recibir una misiva de mi buen amigo Regkia, el Alcalde de Lamh, en ella nos pide que no nos mantengamos al margen y que por favor le prestemos ayuda.
– ¿No le mandamos ayuda hace poco?- preguntó maese Keegan profesor de historia bélica.
– Sí, no muy eficiente al parecer.
– ¿Y qué más quiere que hagamos? Bastantes problemas tenemos nosotros. – dijo alterada la profesora Zivaretta.- Ya visteis lo que pasó en el Jardín de los Héroes, y los bosques se comportan también de forma extraña, es más, a todas las plantas de Lordas las pasa algo ya lo vengo diciendo desde hace…
– Y no nos olvidemos de los problemas en los territorios del norte.- Interrumpió maese Hjalmar.- También hemos recibido misivas desde la capital imperando movilización.
– Einar sabes que ahí no podemos tomar partido- le recordó maese Krendith- Lo del Alcalde es distinto.
– ¿Por qué es distinto?¿Sólo porque es tu amigo?- Le increpó el profesor Norrister
– Además de ser mi amigo, es nuestro vecino y aliado, sus caminos son los nuestros y ya no se trata de eso sino de la desaparición de niños, están raptando niños- recalcó Krendith, lanzando una mirada a todos los presentes sabiendo que sabían lo que eso significaba.

La sala se empezó a llenar de parloteo inconexo, hablaban unos por encima de otros discutiendo sobre qué era más importante. Parecían estudiantes, no el profesorado de Lordas, no se escuchaban ni se dejaban terminar de hablar.
– ¡Bueno ya está bien de cacareo!- El director Danmergan dio un manotazo sobre la mesa y todos callaron al momento-. La decisión ya no es actuar o no, es cómo y quién. Por favor mantengan las composturas y hablen civilizadamente.
– Hay que comunicarles a los estudiantes lo que pasa, algunos han estado teniendo sueños, no como los que se suelen tener aquí los primeros días, sino sueños y visiones confusas más fuertes y sentidas.- habló con su calma característica maese Asisky el profesor de onirología.
– ¿Cómo vamos a decirles a los alumnos lo qué pasa? No están preparados les podríamos perjudicar.- preguntó casi en voz baja la enfermera Kron.
– ¿Y qué es lo que pasa?- murmuró entredientes el maese Krendith, pero nadie le oyó.
– Rosaura, los estudiantes no son tontos- aclaró el viejo Bookold clavando sus ojillos en ella-, por algo están aquí, perciben que pasa algo, ya les hemos intentado engañar con la prueba del Jardín, muchos han acudido a las bibliotecas a investigar por su cuenta.
– Percibo su descontento y malestar, perder su confianza es lo último que nos podemos permitir.- añadió la profesora de temperamentos Gwen Dilys.
– ¿Y qué sugerís? ¿Qué les contemos todo lo que pasa? – bramó el profesor Norrister- A los de último curso quizás, y tampoco, son todos una panda de inútiles, las generaciones se hacen débiles, en nuestros tiempos…
– Quizás la culpa de esa debilidad sea nuestra ¿no lo había pensado así profesor Norrister?- le cortó el Director Danmergan- Yo también creo que nos equivocamos con lo del Jardín, pero también creo que es demasiado pronto para…
– ¡Dígalo! para enviarles a la muerte – exclamó el maestre Sever.
Se volvió a formar otra algarabía de voces, se habían formado bandos y discutían entre ellos, cada vez subían más el tono y gesticulaban nerviosos, no parecía que se fueran a poner de acuerdo. Al cabo de un rato el Alto Consejero y sus apéndices se pusieron de pie.
– Mañana por la mañana hablaré al estudiantado, reúnanlos por favor en el comedor. Sabéis de sobra lo qué hay que hacer. No hagáis que también os tenga que comunicar a vosotros la decisión.
Arrastró su silla hacia atrás siendo consciente del ruido que emitía y se marchó con la cabeza igual de estirada que el resto del cuerpo. Los otros dos consejeros le siguieron a corta distancia. Los tres caminaban en formación de perfecto triángulo equilátero.

El resto del claustro se quedó en silencio hasta que salieron, luego el director se levantó y sacando del aparador una botella de cristal y unas copas se dirigió al profesorado.
Será una noche larga compañeros, templemos nuestras almas al menos.

Krendith agachó la cabeza, meneándola hacia los lados en un lamento cotidiano. Había perdido la tarde y también perdería la noche. Nadie allí siquiera había mencionado el problema, a decir verdad ni él tenía claro cuál era exactamente el problema. Tal vez sería porque no había uno, sino muchos y cada uno le daba una urgencia diferente. En realidad, pensó, el auténtico problema era que habían dejado de entenderse.

Capítulo de la Novela
“Dioses del Multiverso: La Armonía se Resquebraja”

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