Plato de cuchara para comer.

  • ¿Dónde está mi tenedor? –la pregunta resonó por toda la casa, su voz siempre pausada, asustaba un poco cuando se elevaba por encima de su tono. Era rudo y tosco, no solía utilizar formas protocolarias, por favor y gracias solo salían de su boca en casos extremos, pero no era maleducado, su voz hacía que no lo fuera y su postura siempre firme pero sin amenazar.
  • Lo he guardado yo-le contesté sin amilanarme, era la única que lo hacía en esa casa, todos guardaban las distancias, en una mezcla de respeto y miedo imbuidos por las historias que hablaban de él, “el carnicero de Blabiken”  el lobo blanco, un brujo con mutaciones, capaz de matar a las peores bestias, pero yo conocía su corazón-.Hoy comeremos con cuchara.

Su rostro cambió levemente y me miró de reojo intentando adivinar, esa afirmación le había pillado totalmente por sorpresa, desde que me llevara a su casa, se había prohibido el uso de cucharas por respeto a mí, esto complicaba bastante las cosas a la hora de cocinar y  comer, pero dado mi pasado y mi obsesión por este cubierto que me había llevado a convertirme en una maldita, ermitaña y pirada, era lo más lógico.

Él me salvó, podía haberme matado, pero se apiadó de mí, de mi soledad, por alguna razón empatizó conmigo y como si de un niño se tratara jugó pacientemente a mi juego, adivinó el acertijo y rompió la maldición, pudo haberme matado y no lo hizo.

Ahora después de casi un año me sentía fuerte e ilusionada gracias a él, y ésta era mi manera de decírselo, hoy se comería un plato con cuchara, un viejo guiso que hacía años no preparaba, una receta familiar, porque ahora él, era mi familia.

  • ¿Estás segura?
  • Geralt es hora de comer con cuchara.- Le sonreí mientras le servía la comida, él se limitó a mirarme y asentir, entendiendo perfectamente a qué me refería.

Se sentó a la mesa sin añadir nada más y comió despacio degustando cada cucharada.

Comía encorvado, como si sobre sus hombres recayera todo el peso del mundo, y en cierto modo así era. Le habían robado la infancia, para convertirle en brujo, un cazador, un asesino para que otros descansaran tranquilos, los brujos te solucionan el problema por un módico precio, claro está, es un trato justo a ellos les despojan de sentimientos, les dejan sin descendencia y tú te quedas en casa sin cargos de conciencia, salvaguardando tu vida.

Pero él es distinto, él si tiene sentimientos, yo lo he visto. Sé que en más de una ocasión ha trabajado gratis. Sé que siente compasión, no mata a las bestias y se cobra su trofeo sin más, cuando las vence se arrodilla en señal de respeto, sólo mata si es necesario y considera a algunos hombres más monstruos que a los propios monstruos que les mandan aniquilar. Y sobre todo siente amor, daría la vida por esa jovencita a la que siente como suya, tiene toda la paciencia del mundo con ese amigo suyo tan estrafalario, no daña ni engaña a ninguna mujer a pesar de atraerlas como las moscas a la miel, y por la lucha interna que mantiene consigo mismo entre la culpa y el amor no se permite tener una vida. En sueños le he escuchado varias veces nombrar a la mujer morena que es como él, su complemento, su compañera pero está tan atrapado dentro de su responsabilidad y deber que no se permite ver lo obvio. Ansía una existencia normal. Las cicatrices que recorren toda su piel son mucho más profundas.

  • No tengo más hambre pero estaba muy bueno-dijo de pronto con brusquedad como si hubiera estado escuchando mis pensamientos.
  • Gracias- contesté mientras le miraba a los ojos-, por todo.

Geralt dibujó una efímera sonrisa, yo me acerqué y le abracé, no se apartó, durante unos segundos, se permitió el lujo de descansar de ser él mismo. Le abracé como una madre abrazaría a un hijo asustado, que carga con demasiado peso y no sabe o no puede soltarlo. Durante un fugaz momento, se dejó hacer, luego recobró su postura erguida habitual y salió de la cocina.

Yo me quedé parada en la misma posición, sentí que había fracasado, quise salvarle igual que él hizo conmigo, romper su maldición pero quizás la suya fuera irrompible hacía tiempo que la llevaba consigo.

De pronto un ruido de metales me hizo salir de la estancia, en el salón estaba Bernabé, el mayordomo, recogiendo todas las espadas y armaduras, y metiéndolas en un baúl.

  • ¿Qué haces?
  • Lo que me ha mandado que haga.
  • ¿Por qué?- Él se encogió de hombros a modo de respuesta-. ¿Dónde está?
  • Creo que ha ido al lago a darse un baño. ¿Ha pasado algo en la cocina?
  • No lo sé…

Salí al porche delantero y le vi a lo lejos volver empapado, no era la primera vez que lo hacía, normalmente cuando venía de alguna misión, antes de entrar en casa, se daba un baño, supongo que para limpiarse el hedor a muerte, y a veces al amanecer también lo hacía, Bernabé me dijo un día que lo hacía para despejarse de las pesadillas nocturnas… pero hoy, a estas horas, nunca. Venía caminando relajado, todo lo relajado que le permitía su ropa y su postura de guerrero. Pasó a mi lado sin mirarme y entró en la casa, yo entré detrás de él, se dirigió a la cocina y le oí rebuscar entre los cajones, Bernabé y yo nos miramos desconcertados, sin saber muy bien qué hacer. Al poco salió, miró a su alrededor, observando las estanterías vacías, se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla que me pilló tan de sorpresa que me hizo emitir un pequeño grito entre risa y asombro.

  • Gracias- dijo dulcificando todo lo que pudo su voz, y me mostró lo que había ido a buscar a la cocina, su mano agarraba con fuerza una cuchara de madera, la portaba como si fuera su propia arma-. Es la hora.

Se colocó la cuchara en el cinto y volvió a salir de la casa, silbó a Sardinilla su caballo y le oímos alejarse al trote fuera de la Hacienda.

  • ¿Qué ha pasado en la cocina?-quiso saber Bernabé sin salir de su asombro.
  • Que le di un abrazo.
  • ¿Qué? ¿Cómo?
  • Bernabé prepara la casa, creo que vamos a tener invitados, y arregla su cuarto pon sábanas limpias, yo voy a la cocina a preparar comida.
  • Pero…¿por qué?

Le sonreí, la maldición se había roto, ambos nos habíamos perdonado. Quizás fuera posible una segunda oportunidad para todos, quizás consiguiera tener por fin una vida normal, una familia.

  • Porque a partir de ahora en esta casa se come con cuchara.

Inspirado en una de las historias del videojuego Witcher3: Wild hunt

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