Prioridades.

Raquel se despertó ese lunes algo inquieta, hacía mucho que no le pasaba, desde que hacía un año había decidido dejar su trabajo en la tienda de cosméticos para ponerse a dibujar.

Desde ese día los lunes habían dejado de ser lunes, en realidad ningún día de la semana había vuelto a tener ningún tipo de connotación, el nombre ya no importaba. El tiempo había pasado a ser secundario y con él, las prisas, el móvil, la gente y el estrés.

Pero ese lunes, volvía a ser lunes, se había despertado a la misma hora que cuando tenía un horario, su cara tenía el mismo aspecto y su cuerpo la misma celeridad. Se preparó el café y se sentó a mirar por la ventana, su ritual de desayuno, aunque esta vez lejos de tranquilizarla la provocó una presión en el pecho e hizo que en su cabeza comenzaran a agolparse ideas y pensamientos que la aturullaban con los “problemas del primer mundo”, como solía llamarles Manuel.

-Vale, vale… -se dijo a si misma-. Mi cabeza necesita un poco de actividad racional, eso es todo un poco de droga real, me sentaré y haré cosas racionales y esta presión desaparecerá. Eso es todo, venga va Raquel respira.

Dicho esto, se volvió a sentar encendió el ordenador y abrió un documento donde escribió en negrita y mayúsculas: TAREAS DE COSAS REALES.

*Mandar mails a las salas de exposición
*Lista de la compra
*Agendar reuniones
*Preparar siguiente encargo
*Comprobar saldo en cuenta
 
Las cuatro primeras tareas fueron fáciles, de hecho notó como la tensión se aliviaba hasta que hizo la cuarta.

Abrió su cuenta bancaria y ahí estaba una comisión de 95€ que la descuadraba todos los esquemas mentales. Empezó a hiperventilar a buscar de donde venía esa cifra y por qué se la quietaban justo ahora, tocó todos los botones pero no halló respuesta, solo ponía comisión.

Ya acalorada cogió el teléfono y marcó el número de atención al cliente. Una señorita bien entrenada le indicó que era la cuota de mantenimiento y derivados administrativos, tampoco le dio más explicaciones y colgó el teléfono. Se puso el abrigo encima del pijama y bajó a la calle en busca de una sucursal bancaria dónde otra señorita muy sonriente y educada le explicó que al no percibir una nómina u otro ingreso el banco tenía que cobrarla por mantener una cuenta abierta y los gastos administrativos se debían a cada movimiento que ella hacía, entendía su furia pero así era, si esa oficina a la que había acudido fuera la suya la habrían avisado pero como no lo era… su oficina estaba en Barcelona que era el sitio dónde la había abierto hacía quince años cuando se fue a estudiar, por lo visto ahí no hacen eso de avisar.

-No cierres la cuenta todavía, te aconsejo que antes pongas una reclamación vía internet a tu oficina directamente -le indicó la señorita sin borrar la sonrisa.

De vuelta a casa y cada vez más enfurecida volvió a entrar en la página del banco para poner una reclamación, la escribió sin perder las formas pero con mucha ironía y le dio a enviar, pero no se podía enviar porque para enviar la queja tenía que aceptar que le enviaran y llamaran partners comerciales de su banco. Sus mejillas ardían, su estómago gruñía.
Volvió a llamar a atención al cliente, esta vez le atendió un hombre, también muy amable, que le explicó que las comisiones son por no tener ciertos requisitos pactados (véase no tener ingresos superiores a 600€) con el banco en un contrato de hace quince años, que se puede reclamar pero al estar todo correcto no iba a conseguir nada, que la cuenta se puede cancelar pero que todavía la cobrarían 0,67 céntimos y que el plan de pensiones que tuvo que abrir tiempo a, que tiene la friolera de 30€, ese no, si se cancela se penaliza porque ese plan va atado a no sé cuántas gaitas fiscales y posiblemente lo que le pidan sea más de lo que tiene.
-Y por supuesto el banco no tiene por qué avisar a nadie, cada uno tiene que saber lo que firmó y cuáles son los acuerdos a los que llegó -añadió el hombre en un tono menos amable.

Raquel no pudo decir ni un “jo” porque el hombre tenía razón en todo, aunque todo fuera una mierda, tenía razón. Colgó el teléfono, apagó el ordenador y se sentó a llorar.

Miró la hora, las dos de la tarde, ni había ido a la compra, ni había hecho la comida, ni había ido a tomar un café con su abuela, que la estuvo esperando cerca de una hora, ni tenía ganas de ponerse a pintar para terminar el trabajo pendiente que supuestamente debía entregar esa tarde.

La presión volvió a su pecho, la rabia, las dudas, la impotencia, la culpa, el estrés… comenzó a hiperventilar nuevamente y así sentada en el suelo con el rostro lleno de lágrimas y la respiración entrecortada se la encontró Manuel.

-Raquel ¿Qué ha pasado? ¡Por Dios no me asustes! ¿Qué tienes? ¿Le ha pasado algo alguien?

Con dificultad y con la voz de una niña Raquel le explicó todo el asunto, lo de la comisión, el descuadre económico que suponía eso a sus ahorros, las vueltas que había dado con unos y otros… cuando hubo acabado Manuel se echó a reír, Raquel le miró enfurecida apartándose de él.

-¡Lo que me faltaba encima te ríes! ¿Pero tú has escuchado algo de lo que te he dicho?
-Si te he escuchado, y perdona siento el disgusto que te has llevado, pero Raquel estas llorando por dinero… solo es eso, dinero.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. macalder02 dice:

    Y tenía toda la razón mi tocayo. Una perdida de tiempo, rabia contenida y sólo era algo muy material que descuadró su vida en un instante. Excelente historia La he disfrutado. Saludos.

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    1. KativaWorks dice:

      A veces lo material nos desequilibra más precisamente por eso porque es material y tangible…Gracias macalder por estar ahí, por comentar y aportar. Te lo agradecemos de corazón. Un abrazo, seguimos conectados!!

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      1. macalder02 dice:

        Por nada. es placer leerles.

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  2. garceslogia dice:

    ¿y si lo que le doliera a Raquel no fuera el dinero, sino la afrenta que le suponía que el banco la ninguneara, la minusvalorara como cliente al haberse atrevido a abofetearla con esa comisión por primera vez?…no entendió que era el precio que tenia que pagar por la libertad y dedicarse a lo que le gustaba…Un abrazo

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    1. KativaWorks dice:

      Muy buen aporte garceslogia, todo tiene un precio y para recibir hay que dar… Gracias por tu tiempo, por comentar y por estar. Un abrazo, seguimos conectados!!

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