Yo confieso.

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Confieso que he caído en el desánimo más de una vez, que me he dejado llevar por la ira, que he juzgado noticias tras leer solo el titular, que he creído que mi verdad era la única y que tener razón me hacía poderosa. Confieso que esta situación me vino grande y no la entendía y saqué la rabia por la boca, y mis gestos se volvieron duros, mis pensamientos eran negros como el futuro que no alcanzaba a ver, todos los planes que estaban previstos se desbarataban como fichas de dominó. Confieso que seguí los informativos, las redes sociales… alimentando estos sentimientos, porque solo quería leer y escuchar lo malo, la separación, las culpas que se extendían de un extremo a otro…

Con todo esto tenía el cuerpo cargado de ansiedad, las paredes se caían encima porque yo era un león enjaulado que necesitaba devorar y rugir. Así salí a la calle, en dirección al supermercado esperando encontrarme la debacle, gente arrasando las estanterías como si del primer día de rebajas se tratara, con sus morros largos, saltándose las normas, esperaba ver a los trabajadores asqueados, contando al aire sus desgraciadas, esperaba oír voces y malos modos porque de esta forma yo también podría gruñir y sacar la adrenalina acumulada.

Para mi sorpresa nada de esto pasó, cuando llegue a la tienda, la gente estaba ya fuera haciendo cola, esperando su turno, tranquilos, nadie tenía prisa. El señor que tenía delante me saludó amablemente y me sonrió en señal de ” pues aquí estamos” sin querer le devolví el saludo y la sonrisa, al momento una chica que venía con los cascos puestos se puso detrás de mí, se quitó un auricular y me saludó con un ¡Hola! cargado de energía, yo volví a sonreír, ella se puso nuevamente los auriculares y continuó con su música. Pasaron diez minutos de espera y todos seguían tranquilos, avanzando lentamente hasta la entrada, era una danza lenta, avanzar, parar… casi te mecía… de pronto apareció una cartera que se coló entre los huecos de la fila para acceder a un portal y un transportista aparcó su camión a mi lado y descargó un palé para reponer las mercancías del supermercado y sin pensar mi boca se abrió y les dije:
—¡Gracias!
—¿Por qué?—preguntó la cartera un poco descolocada.
—Por seguir aquí fuera por nosotros—contestó una mujer de la cola.
Ninguno dijo nada pero en sus rostros se dibujó una sonrisa. Mi ansiedad bajaba con rapidez.

La cola volvió a moverse y por fin llegó mi turno de entrar, apenas éramos diez clientes dentro, el suelo estaba lleno de tiras que marcaban las distancias a guardar, ninguno se las saltó, los trabajadores iban bien pertrechados con guantes y mascarillas, cada cliente iba dándoles las gracias según nos atendían, sus ojos sonreían, las estanterías estaban bastante llenas, encontré todo lo de la lista de la compra, menos azúcar, me pareció bastante lógico. Cuando terminé me aguardaba otra fila, la de pagar, en esta siempre me pongo bastante nerviosa y normalmente me desespero si la cajera tarda o si la persona que tengo delante se pone a rebuscar y contar céntimos o va y vuelve porque se le ha olvidado algo… hoy no iba a ser distinto, mi tranquilidad se ponía nuevamente en peligro pero el señor mayor que tenía detrás comenzó espontáneamente a cantar una tonada. Confieso que otro día hubiera alucinado con esto pero al mirarle entendí por qué lo hacía, su cara era pura armonía tenía unos profundos ojos azules que brillaban y me miraban con dulzura.

—Hay que amenizar la espera— dijo y siguió con su canción. Nadie se molestó.

Llegó mi turno de caja, la cajera una chica mas o menos de mi edad en vez de quejarse por estar ahí, me preguntó qué tal estaba llevando yo el confinamiento, me sentí avergonzada al pensar en cómo lo estaba llevando… no pude más que encogerme de hombros.

—Es una situación extraña —me contestó—, pero saldremos.
—Gracias… por todo, a ti y todos tus compañeros —le espeté de pronto, mientras torpemente recogía las bolsas de la compra. Sus ojos emocionados se abrieron como platos, inclinó la cabeza y continuó con su labor mientras yo salía de allí.
La cola de entrada ya daba la vuelta a la esquina.
Me dirigí hacia mi casa con una sensación extraña en el estómago, me sentía cómo si fuera la primera vez que salía a la calle, o iba a la compra, la misma sensación que tienes cuando eres aun un mico de seis o siete años y te encargan la primera tarea de responsabilidad y tú te sientes importante y tratas de cumplirla a la perfección para que todos vean lo mayor que eres… pues así me sentía.
Caminaba erguida, arrastrando el carrito por las calles semivacías, con el pecho lleno de aire, y el rostro relajado, estaba tranquila, toda la ira y el desasosiego se habían esfumado.
Antes de llegar a casa me fije en un camión militar aparcado en la comisaría próxima a mi domicilio. Estaba vacío, miré al rededor y vi a un militar en la otra calle, un poco apartado, tenía la cabeza gacha y se le notaba incómodo, se cruzaron con él dos personas que también venían de hacer la compra, pasaron con prisa a su lado casi asustados, no todos los días se ven militares en la calle. Él se echó más para atrás y hundió más su mirada en los zapatos. No sé por qué me enterneció esta imagen, me vino a la cabeza otra vez un sentimiento de infancia, cuando el profesor se ausentaba unos momentos y te mandaba vigilar la clase y tus compañeros te ponían caras raras y no hablaban contigo.

—¡Buenos días! —le saludé impulsivamente, él levantó la cabeza y me miró, era un chico joven, no tendría mas de veinticinco años —. ¡Gracias! —añadí, y su cara dibujó la más grande de las sonrisas, la comisura de su boca casi rozaba la punta de sus orejas y yo sonreí con él. No solo externamente.

Entré por la puerta de casa, fui al baño a lavarme las manos y guardé la compra. Al terminar me senté y respiré hondo y pensé en este ratito que había pasado fuera. Ya nada era igual, algo muy pequeño había cambiado.

Confieso, que ahora solo encuentro las buenas noticias, que digo no a las lecturas que van cargadas de odio, que me riño cuando mi interior se calienta queriendo explotar, que mi nueva palabra es gracias y que cuando el agobio por no saber qué pasará cuando acabe el confinamiento me presiona y me entra la angustia pensando en el trabajo, en el dinero… recuerdo a mis abuelos, a mis sobrinos y como si de un super poder se tratara me hincho llena de fuerza, porque nuestros mayores pudieron teniendo menos recursos, porque nuestros pequeños se merecen un buen lugar dónde crecer.

Confieso que no voy a hablar de política por que cada mensaje va cargado de furia, confieso que este texto me pasó a mi y no en todos los supermercados ocurre igual (por desgracia) quizás tuve suerte, confieso que suena demasiado “happy”, confieso que el miedo no se me ha quitado, que las dudas no han desaparecido, que lo que nos espera no va a ser fácil, que me entra una tristeza horrible cuando pienso en las personas que se van sin compañía… confieso que el humano seguirá siendo humano, y que la ola de humanidad de estos días quizás desaparezca tan rápido como llegó pero también confieso que sonreír a otra persona descarga más adrenalina que un gruñido.

31 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Juan Ignacio dice:

    ¡Me encantó! ¡Lo comparto!

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    1. KativaWorks dice:

      Gracias por entender. Un abrazo seguimos conectados!!!

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  2. Juan Ignacio dice:

    Reblogueó esto en Una Nueva Mirada.

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    1. KativaWorks dice:

      Wow… mil gracias!!! ❤

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  3. erotismoenguardia dice:

    Me uno a tu confesión.

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    1. KativaWorks dice:

      Gracias erotismoenguardia por entender. Un abrazo seguimos conectados!! ❤

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      1. erotismoenguardia dice:

        Juntos somos más fuertes, para eso estamos, para apoyarnos, para conservarnos, para querernos cada día un poco más!

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      2. KativaWorks dice:

        Eso es 👏👏👏👏❤❤❤❤

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  4. txusduarte dice:

    Claro que si! has recogido el espíritu de la realidad, no esa basura que vomitan los mediocres y aquellos que pretenden que prevalezca el miedo. Gracias

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    1. KativaWorks dice:

      Gracias txusduarte. Pero como digo esto es mi realidad y la de los que me rodean. Yo tengo suerte habrá gente que su realidad sea distinta. Pero si es cierto que vamos a luchar por no caer en esa desesperanza y miedo que no hace bien. Un abrazo enorme gracias por estar. Seguimos conectados!!! ❤

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  5. macalder02 dice:

    Un gran relato que desmenuza una historia muy realista. Bien hecho Rovira.
    Saludos
    Manuel

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    1. KativaWorks dice:

      Manuel…creo que te has equivocado…

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      1. KativaWorks dice:

        Jejejejej no pasa nada pero dile a Rovira tu comentario que seguro lo agradece 😉😘😘😘😘

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      2. macalder02 dice:

        Vaya, si que me sonrojo.

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      3. KativaWorks dice:

        Sonrojarse es maravilloso 😍

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      4. macalder02 dice:

        Lo siento. Puse el comentario de otro blog. Disculpa.

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  6. Clara dice:

    Que bonita historia. Seguramente, que la viviste. Ojalá, que lo que leamos, sea así, de enriquecedor y una buena noticia. De que saldremos y que algo,va a cambiar

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  7. garceslogia dice:

    Gracias a ti por este precioso escrito, en el cual señala la luz de las personas alumbrando oscuros tiempos…Saludos

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    1. KativaWorks dice:

      Garceslogia la luz esta ahí aunque tan tapada que cuesta verla a veces … estos días veo cosas que antes no veía o no las veía en toda su inmensidad, cosas tan simples… Gracias a ti por sentir y estar. Un abrazo seguimos conectados!!!❤

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  8. Gloriosa dice:

    Muy real y terrible pero al mismo tiempo tierno y sincero. Muchos nos hemos dejado llevar por todo esto pero no lo confesamos. Gracias por hacernos reflexionar

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    1. KativaWorks dice:

      Gracias a ti por tu tiempo y por comprender. Un abrazo.😘 Esperamos estés bien.

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  9. @soygabo82ok dice:

    Nadie estaba preparado para esto, y como seres en una tierra prestada debemos adaptarnos a los cambios. Hasta que pase el temblor que sacude nuestra rutina.
    Tal vez todo esto era necesario, para darnos cuenta que solo estamos de paso.
    Me encantó tu relato.

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    1. KativaWorks dice:

      Y a nosotros tu reflexión! Tal vez este virus sea el sistema inmunológico del planeta que actúa para salvarnos del estrés, la división o la contaminación. Gracias por compartir, seguimos conectados!

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  10. Me uno a distancia. Abrazos.

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    1. KativaWorks dice:

      Gracias desde la distancia física… un abrazo, seguimos conectados.

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  11. Esperanza E. Vargas (sadeyes) dice:

    Mientras leía podía ver tan claro las escenas.
    Cómo pinturas de cuadros que sin hablar dicen todo.
    Siempre he pensado que la distancia más corta entre los corazones es una sonrisa. Y cuando esta llega de forma espontánea logra tanto.
    Excelente relato.
    En el que muchos se verán reflejados… Como yo.
    Gracias un abrazo fuerte. Y mucho ánimo. El amor siempre prevalece. Ante todo.
    Un gusto leerte.

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    1. KativaWorks dice:

      Esperanza mil gracias. Un abrazo enorme y una sonrisa 😊. El amor es la única luz que brilla en la oscuridad.

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      1. Esperanza E. Vargas (sadeyes) dice:

        💙💙💙

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