Honor y gloria

el

—Consigue la gloria para nosotros, acaba con todos.
—¡Sí Dómine! –gritó el gladiador con su voz forjada entre gritos de dolor y fuerza.
Era la única respuesta acertada, la única permitida.

Las puertas se abrieron y la muchedumbre rugió, y él rugió con ellos y gritó su nombre impuesto y descuartizó a su oponente por la gloria de su casa. La sangre y las vísceras derramadas por la arena. La victoria era suya pero nunca la rozaría, porque él no tenía nada todo le correspondía a su ludus, a su amo, su vida y su fama.

—¡Soy el campeón! –proclamó al regresar de la arena—. Esta noche compartiré con mis hermanos mi triunfo gracias al Dómine, vino y mujeres para todos.
—¡Beano!¡Beano!¡Beano! –vocearon sus compañeros al gladiador.
—No eres un campeón, eres un esclavo. Tú vida no vale nada, no eres más que una masa de sangre y huesos que por momentos transforma muerte en monedas, a cambio te arrojan viandas para embrutecer más tus sentidos y seguir defendiendo el buen nombre de esta casa, del ludus en el que crees que vives…
—¿Cómo te atreves a hablar escoria? –Beano se giró hacia la voz que le insultaba, un griego que acaba de llegar—. Ni siquiera conseguiste la marca del amo aún, no sabes nada de la gloria y el honor de un verdadero gladiador, eres un montón de mierda desagradecida, el Dómine te salvó, te trajo aquí, te da techo y comida y tú escupes en su nombre.
—Es cierto que fuera de estos muros no tendría ni techo, ni comida pero al menos mi vida sería mía.
—Y morirías como un perro hambriento. Aquí tenemos protección, somos una hermandad, el pueblo nos aclama, y podemos luchar por conseguir la libertad.
—Luchas por conseguir algo que te pertenece. ¿Cómo puedes defender a alguien que borró tu pasado, destruyó tu nombre, te obliga a matar o morir para que él pueda seguir llenando sus arcas y celebrando banquetes y orgías?

Beano no podría contener su furia por mucho tiempo, todos sus músculos estaban en tensión, la saliva se acumulaba en su boca y sus ojos volvían a inyectarse de sangre, pero no podía atacarle, no, si no estaban luchando, era una de las normas.
—No eres más que un trozo de mierda salida del culo de una rata.
—Puede que sea eso, pero las palabras que salen de mi boca son mías y no pienso lo que otros me han hecho creer que debo pensar ni decir.
—¡Cierra la boca antes de que te la parta!
—¡Por los dioses! ¿Qué son esos bramidos? ¡Beano respóndeme!
—¡Sí domine! –El gladiador, se cuadró inmediatamente ante la presencia de su amo—. Esta escoria griega está manchando tu buen nombre.
—¡Leónidas en pie! –exigió el lanista.
—No respondo a ese nombre –contestó el griego sin moverse de su sitio.
El Dómine inclinó la cabeza y el látigo del doctore voló por el aire hasta amarrar el cuello del esclavo y le arrastró hasta el centro del patio.
—¿Acaso no os doy alimento y techo? ¿No os curo las heridas? ¿No os proporciono diversión? ¿No os ofrezco la oportunidad de conseguir la gloria?
—¡DómineDómineDómine!—corearon los gladiadores
—Leónidas ¿no gozas tú de todo eso aun sin haber probado todavía tú valía?
—No respondo a ese nombre, y no tengo que demostrar nada.
El látigo del entrenador volvió a volar dejando una gran marca sobre su espalda.
—Guarda esa rabia tuya para la arena quizás te haga ganar al menos lo que costaste.
—Yo no pedí que me compraras.
El Dómine sintió que las rodillas le temblaban y su piel comenzaba a exudar, no podía consentir que un esclavo no le respetara y hablara sin temor, tenía que solucionarlo antes de que sus palabras calaran en el resto de sus hombres.
—Me has hecho perder la paciencia Leónidas. Quizás tu piel valga algo en el mercado –El domine miró a Beano y este entendiendo el mensaje se acercó al griego y le clavó su espada en la yugular.
—Mi nombre es Athan —pronunció antes de que su boca se ahogara en su propia sangre.
—Tirar esa mierda al foso y disfrutar de la victoria.
—¡DómineDómineDómine!—volvieron a gritar sus hombres mientras él volvía a entrar en la casa y por las puertas del patio entraban ya las mujeres y el vino prometido.

Beano cogió una jarra y se sentó apartado.
—¿Qué te pasa campeón? ¿No escoges mujer esta noche? ¿O es que te dejaron sin tu mejor arma en la arena? –bromeó Arsen sentándose a su lado.
El gladiador miró a su compañero, fue comprado al mismo tiempo que él, se había convertido en su mejor amigo, en su hermano de sangre.
—Te conozco desde hace tiempo, he luchado y sangrado contigo en infinidad de ocasiones y no sé tu nombre. —Arsen le miró extrañado. Beano carraspeó y se echó a reír—. ¡Anda llena tu copa y veamos qué mercancía nos ofrece el domine!
Los dos se encaminaron hasta dónde estaban las mujeres, Beano escogió una y se la llevó a su celda.

Ella comenzó a acariciar su cuerpo rebuscando entre su subligar esperando la inflamación.
—¿Cómo he de llamarte hombretón?
Beneo elevó la vista a través de los barrotes de la puerta en dirección dónde había caído el griego.
—Mi nombre es Calistrato.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. garceslogia dice:

    El despoje de tu nombre como herramienta de alienación o sometimiento…me viene a la cabeza la dramática escena de la serie Raices, en donde un esclavista pega al protagonista preguntándole a su vez ¿como te llamas?¿como te llamas?, teniendo el golpeado que cambiar su respuesta (Kunta Kinte) por el nombre asignado…ya ha llovido desde entonces y todavía me estremezco cuando lo recuerdo…Un afectuoso saludo

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    1. KativaWorks dice:

      si te quitan tu nombre te quitan tu identidad… luego está lo de defender a ultranza hagan lo que hagan por un plato comida… Gracias por leer y aportar, terrible y maravillosa serie la de raices. Un abrazo seguimos conectados!!

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  2. e.vil dice:

    Buenísimo. Me encanta como escribes.

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    1. KativaWorks dice:

      Mil gracias e.vil sobre todo por estar y leernos. 😘 un abrazo!!!

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  3. Rosa dice:

    Excelente narrativa, gracias por compartir.

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    1. KativaWorks dice:

      Muchísimas gracias Rosa. Por tu tiempo, por entender y por estar. Un abrazo, seguimos conectados!!

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